
Lo pensé detenidamente. Medité durante días.
Cada minuto era una eternidad.
Cada hora una tortura.
¿Qué me quedaba? ¿qué tenía? ¿era yo? ¿o era un puro reflejo de la sociedad cambiante?
Me desvanecía con el aire dejándome arrastrar por tu oleaje mientras revoloteabas sobre mí. Vigilándome se te pasó la vida, y callada pasó la mía.
No había salida. El barco se hundía y yo estaba dentro. No me ayudaste, nunca, ¿o es que acaso no quieres recordar?. Recordar será tu tarea apartir de ahora, no habrán más silencios incómodos en los días que me quedan.
Jámas.
Los llenaré de poesía, de amor, de canciones, de cariño, de miradas...de colores.
Hoy levanto la mirada con la cabeza bien alta. No tengo miedo.
Y mis pies hundiéndose en la arena...
..."desafiando el horizonte sin timón ni timonel"




